Una
distopia gobernada por simios no es suficiente. En una
época en la que lo insólito se asume como habitual y la alienación
nos ha envuelto en una burbuja lisérgica de constante estímulo
sensorial, hay que llevar la broma un paso más allá para dar cuenta
de lo más desquiciado de nuestra naturaleza. Los humanos como
especie subyugada es lo de menos, en un festival de bandas de moteros, peleas clandestinas,
orgías desmadradas, tráfico de estupefacientes, conflictos bélicos
al otro lado del mundo e intereses políticos poco éticos que nos
ofrecen Keenan Marshall Keller y Tom Neeley. Una
recreación de lo más turbulento de los principios de los setenta
con toda su descarnada forma de entender la vida fronteriza y sus más
disparatados excesos. Con monetes como gente y personas como mascota.
Una macarrada de un solo chiste, soez, ridícula y con genitales
volando por todas partes, pero tan maliciosamente divertida que
cuesta negarle sus buenas risas. Tan elegante como un índice
erecto, 'The Humans' supone un volantazo a la imagen de
“prestigio de salón” de la actual Image Comics. Monos moteros y
delincuencia de puerta de WC en un local de carretera, en una
recreación groovy de 'El Palneta de los Simios' que nos hace olvidar el miedo a dejar de ser los
que tenemos la sartén por el mango, para reparar en el pelaje
simiesco que lucimos mientras todavía lo hacemos.
viernes, 13 de febrero de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
El Pingüino de Javier Fernández
Actualmente
un tanto desdibujado por ese Tobey Maguire siniestro que lo
interpreta en la pequeña pantalla, el mayor atractivo de Oswald
Cobblepot nunca ha estado en lo sanguinarios que pudieran ser sus
crímenes o en llevar a cabo coloristas fechorías de temática aviar
con paraguas trucados. Descendiente de una de las más antiguas -en
toda la expresión de la palabra- fortunas de Gotham, es la
faceta de El Pingüino como rostro deformado del lado más
ruin y decadente de la alta burguesía donde siempre ha dado lo mejor
de sí. Un especulador sin escrúpulos en plena zona de guerra, como
si Peter Lorre dirigiese el Café de Rick tras engañar a
Humphrey Bogart para morir en su lugar. Todo ello, como mera escusa
para mostrar otro dibujo de Javier Fernández con el que dejar
claro que el murciélago le llama.
La edad de James Bond
Cuando
hace años vi 'Misión Imposible' junto a los colegas en pleno
declive de la era Brosnan y con la segunda entrega de John Woo en
plena producción, solté una boutade del palo “James Bond tiene
sucesor”. 007 acababa de pasar a la historia como un viejo
reducto de tiempos pretéritos, y ahora lo que molaba eran las
cabriolas de Ethan Hunt con el tema de Lalo Schifrin. La
ironía se encargaría de cerrar la boca de aquel deslenguado imberbe
con una hostia del tamaño de 'Misión Imposible II', y años
más tarde cambiaron las tornas cuando Daniel Craig tomó el
testigo como nuevo James Bond. Dos películas duró la fiesta hasta
que llegó Sam Mendes como abanderado de la esencia perdida,
perpetrando un monstruoso retorno al pasado con sabor a Old Spice
y camisa almidonada. La cinta fue un éxito a ojos de crítica y
público, que se valiéndose de la estela del cine de Nolan cuando
este comenzaba a sonar a viejo. Un soberano coñazo bajo la opinión
del que aquí suscribe, y que nos devuelve a la casilla de salida con
una pregunta: ¿De verdad alguien espera con ganas 'Skyfall 2'
frente al irresistible desparpajo que transmiten 'Kingsman: El Servicio Secreto' de Matthew Vaughn y 'The Man From UNCLE' de Guy Ritchie?
miércoles, 11 de febrero de 2015
El Batman de Javier Fernández
Si
bien ya me había llamado la atención por sus páginas para el
'Magneto' de Cullen Bunn, el dibujante Javier Fernández ha terminado
de conquistarme con su participación en la entrega del número 45 de
'Batman Eternal'. Un cómic en el que su trazo con ciertas
similitudes al de Nick Dragotta y Ramón Pérez otorga una elegante
estilización al Caballero Oscuro y su entorno, con un Batman que
transmite volumen, así como un marcado regusto neo-noir que recuerda
a los tiempos de Rucka. Ojala continúe dejándose caer por Gotham
El problema tras Star Wars
El
debut de los cómics de 'Star Wars' ha conseguido que el
pasado mes de enero las ventas del sector se elevaran
desorbitadamente, cosechando casi un millón de unidades por parte
del primer número de la serie de Jason Aaron y John Cassaday.
Una gran noticia tanto para Marvel Comics -que acumula un 45% del Topde Ventas de enero de 2015- como para el medio. Sobre todo si
tenemos en cuenta la llegada de lectores nuevos que puede generar.
Pero cuando se generan cifras tan ostentoso en las ventas de un
título concreto, no siempre son producto de nuevos consumidores o
nuevas adquisiciones de los ya existentes, sino en que puede existir
un visible detrimento en los números de otras series más modestas.
Darwinismo
puro y duro en el que el pez grande se come al chico, y con el que
tampoco es plan caer en el tópico de culpar al grande por serlo.
Pero si que es triste ver a colecciones como el 'Loki: Agente de
Asgard' de Al Ewing y Lee Garbett, 'Nova' de Gerry Duggan,
el 'Soldado de Invierno' de Ales Kot y Marco Rudy, el 'Puño
de Hierro' de Kaare Andrews o 'Cíclope' de Layman y
Garrón hundirse en los abismos, junto a series que ya estaban
condenadas como 'Vengadores Secretos', 'Tormenta' de
Greg Pak o 'Elektra' de Mike del Mundo. Con otras como 'La
Viuda Negra', 'Punisher', 'Silver Surfer' o
'Caballero Luna' aproximándose a la zona de peligro, nunca
está de más recordar estas colecciones más modestas en muchas
ocasiones más interesantes que los títulos que coronan la tabla de
ventas, pero que por desgracia no son pocas las ocasiones en las que
se ven condenadas a resistir al borde de la cancelación.
martes, 10 de febrero de 2015
El Christopher Reeves que no pudo ser
Al
pensar en Superman, es probable que la imagen que se venga a la
cabeza no sea de los cómics de Curt Swan, John Byrne o -Dios no lo
quiera- Dan Jurgens, sino a Richard Donner con música de John
Williams y el rostro de Christopher Reeves. Y aunque el
malogrado actor de 'Superman' no fue el único capaz de
emular a su personaje en la pantalla, son muy pocas las ocasiones en
las que el interprete llega a eclipsar a la contrapartida de viñetas.
Pero
así fue en el caso de Reeves, como si al vestir el traje se
convirtiera en la viva imagen del superhombre empequeñecido por la
tragedia cotidiana, las raíces rurales del inmigrante alienígena
adoptado, el desafío al padre y todo ese etc parte intrínseca de la
esencia del personaje, pero que nunca había brillado como en la
película de Donner.
En el
caso del 'Amazing Spider-Man' de
Marc Webb, Andrew Garfield me resultó antipático como
Spider-Man y Peter Parker en la primera entrega. Pero cuando
estrenaron la secuela únicamente me hizo falta verlo descender desde
las alturas, balanceándose energéticamente entre los rascacielos
para asistir al ciudadano de a pie, para que me ganase por completo.
Más
allá del brío con el que se movía, aquel Spider-Man que se detenía
en medio de una persecución para ayudar al viandante con sus cosas y
preguntarle que tal el día, era más amistoso vecino de lo que
hayamos visto en los cómics en la mayoría de las ocasiones. El
heroísmo de la solidaridad conciudadana en toda su expresión, como
una presencia hiperactiva que lo mismo te echa una mano y da una
palmada en la espalda cuando se te complica al día, que inspira a un
crío frente al bullying o se pone al frente de la multitud para
negociar con el malo y evitar que la situación se vuelva violenta.
Un
Spider-Man dialogante y entregado más allá de lo sano o humano, y
que es incapaz de dejar atrás el traje por complicadas que se pongan
las cosas para él. Porque sí. Porque el heroismo está tan
arraigado en su persona, que no sabe actuar de otra forma que
soltando un suspiro de resignación, colocárse la máscara y
proclamar “Aquí vamos otra vez”. El ciudadano universal
como alma de Nueva York que tan bien supieron plasmar Webb y
Garfield, y que ahora perdemos con un nuevo acuerdo entre Marvel y
Sony consecuencia de los fallos acumulados.
En
medio de todo el jolgorio por el regreso a casa del Hombre Araña, es
imposible quitarse la amargura de haber perdido a un Spider-Man que
-independientemente de que la película no estuviera a su altura-,
había brillado como pocas veces lo había hecho en cualquier tipo de
medio. Por este Spider-Man y el Christopher Reeves que no pudo
ser, bien vale guardar un ficticio luto, con la esperanza de que
quienes cojan el testigo sepan mantener los aciertos y no caer en sus
mismos errores.
lunes, 9 de febrero de 2015
La inquebrantable pasión por el cine de Paramount Channel
Paramount
Channel me fascina. No solo porque sea el único canal integramente
dedicado al cine de nuestro TDT tras la defunción de la llorada
Sexta 3. Sino porque independientemente de cual sea su programación
de cada día, a veces con películas mejores y otras peores, hay una
serie de constantes que se repiten como principios universales
inalterables. Constantes que responden a los nombres de Bruce Lee,
Charles Bronson, Chuck Norris, Michael Dudikoff y otros similares. Da
igual lo mal que este todo en estos tiempos inciertos en los que no
podemos dar nada por sentado o los desengaños que te lleves al cabo
del día. Siempre puedes confiar en Paramont para pulsar el mando, y
encontrarte a Steve James sin camiseta partiéndole la cara a un
ninja o dos. Desconozco si la cadena emite con tanta insistencia
estas películas porque es un canal modesto y le salen baratas, si
han encontrado un nicho entre los fans más irreductibles del cine de
los ochenta, si es algo irónico o reivindicativo, o si se encarga de programarla el mayor nostálgico del
videoclub que haya visto este plano mortal desde tiempos de
Tarantino. Pero la mera idea de imaginar a un grupo de cineastas
trajeados discutiendo -a lo mesa de Garci entre habanos y copas de
coñac- si esta noche toca 'Delta Force' o 'Yo soy la Justicia', me
hace recuperar la fe en la humanidad y la existencia de misterios que
todavía merecen la pena ser desentrañados. Parafraseando a Elijah
Snow, vivimos en un mundo extraño. Mantengámoslo así.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










