viernes, 13 de febrero de 2015

'The Humans', Sons of Monarchy


Una distopia gobernada por simios no es suficiente. En una época en la que lo insólito se asume como habitual y la alienación nos ha envuelto en una burbuja lisérgica de constante estímulo sensorial, hay que llevar la broma un paso más allá para dar cuenta de lo más desquiciado de nuestra naturaleza. Los humanos como especie subyugada es lo de menos, en un festival de bandas de moteros, peleas clandestinas, orgías desmadradas, tráfico de estupefacientes, conflictos bélicos al otro lado del mundo e intereses políticos poco éticos que nos ofrecen Keenan Marshall Keller y Tom Neeley. Una recreación de lo más turbulento de los principios de los setenta con toda su descarnada forma de entender la vida fronteriza y sus más disparatados excesos. Con monetes como gente y personas como mascota. Una macarrada de un solo chiste, soez, ridícula y con genitales volando por todas partes, pero tan maliciosamente divertida que cuesta negarle sus buenas risas. Tan elegante como un índice erecto, 'The Humans' supone un volantazo a la imagen de “prestigio de salón” de la actual Image Comics. Monos moteros y delincuencia de puerta de WC en un local de carretera, en una recreación groovy de 'El Palneta de los Simios' que nos hace olvidar el miedo a dejar de ser los que tenemos la sartén por el mango, para reparar en el pelaje simiesco que lucimos mientras todavía lo hacemos.

jueves, 12 de febrero de 2015

El Pingüino de Javier Fernández


Actualmente un tanto desdibujado por ese Tobey Maguire siniestro que lo interpreta en la pequeña pantalla, el mayor atractivo de Oswald Cobblepot nunca ha estado en lo sanguinarios que pudieran ser sus crímenes o en llevar a cabo coloristas fechorías de temática aviar con paraguas trucados. Descendiente de una de las más antiguas -en toda la expresión de la palabra- fortunas de Gotham, es la faceta de El Pingüino como rostro deformado del lado más ruin y decadente de la alta burguesía donde siempre ha dado lo mejor de sí. Un especulador sin escrúpulos en plena zona de guerra, como si Peter Lorre dirigiese el Café de Rick tras engañar a Humphrey Bogart para morir en su lugar. Todo ello, como mera escusa para mostrar otro dibujo de Javier Fernández con el que dejar claro que el murciélago le llama.

La edad de James Bond


Cuando hace años vi 'Misión Imposible' junto a los colegas en pleno declive de la era Brosnan y con la segunda entrega de John Woo en plena producción, solté una boutade del palo “James Bond tiene sucesor”. 007 acababa de pasar a la historia como un viejo reducto de tiempos pretéritos, y ahora lo que molaba eran las cabriolas de Ethan Hunt con el tema de Lalo Schifrin. La ironía se encargaría de cerrar la boca de aquel deslenguado imberbe con una hostia del tamaño de 'Misión Imposible II', y años más tarde cambiaron las tornas cuando Daniel Craig tomó el testigo como nuevo James Bond. Dos películas duró la fiesta hasta que llegó Sam Mendes como abanderado de la esencia perdida, perpetrando un monstruoso retorno al pasado con sabor a Old Spice y camisa almidonada. La cinta fue un éxito a ojos de crítica y público, que se valiéndose de la estela del cine de Nolan cuando este comenzaba a sonar a viejo. Un soberano coñazo bajo la opinión del que aquí suscribe, y que nos devuelve a la casilla de salida con una pregunta: ¿De verdad alguien espera con ganas 'Skyfall 2' frente al irresistible desparpajo que transmiten 'Kingsman: El Servicio Secreto' de Matthew Vaughn y 'The Man From UNCLE' de Guy Ritchie? 


miércoles, 11 de febrero de 2015

El Batman de Javier Fernández


Si bien ya me había llamado la atención por sus páginas para el 'Magneto' de Cullen Bunn, el dibujante Javier Fernández ha terminado de conquistarme con su participación en la entrega del número 45 de 'Batman Eternal'. Un cómic en el que su trazo con ciertas similitudes al de Nick Dragotta y Ramón Pérez otorga una elegante estilización al Caballero Oscuro y su entorno, con un Batman que transmite volumen, así como un marcado regusto neo-noir que recuerda a los tiempos de Rucka. Ojala continúe dejándose caer por Gotham

El problema tras Star Wars


El debut de los cómics de 'Star Wars' ha conseguido que el pasado mes de enero las ventas del sector se elevaran desorbitadamente, cosechando casi un millón de unidades por parte del primer número de la serie de Jason Aaron y John Cassaday. Una gran noticia tanto para Marvel Comics -que acumula un 45% del Topde Ventas de enero de 2015- como para el medio. Sobre todo si tenemos en cuenta la llegada de lectores nuevos que puede generar. Pero cuando se generan cifras tan ostentoso en las ventas de un título concreto, no siempre son producto de nuevos consumidores o nuevas adquisiciones de los ya existentes, sino en que puede existir un visible detrimento en los números de otras series más modestas.

Darwinismo puro y duro en el que el pez grande se come al chico, y con el que tampoco es plan caer en el tópico de culpar al grande por serlo. Pero si que es triste ver a colecciones como el 'Loki: Agente de Asgard' de Al Ewing y Lee Garbett, 'Nova' de Gerry Duggan, el 'Soldado de Invierno' de Ales Kot y Marco Rudy, el 'Puño de Hierro' de Kaare Andrews o 'Cíclope' de Layman y Garrón hundirse en los abismos, junto a series que ya estaban condenadas como 'Vengadores Secretos', 'Tormenta' de Greg Pak o 'Elektra' de Mike del Mundo. Con otras como 'La Viuda Negra', 'Punisher', 'Silver Surfer' o 'Caballero Luna' aproximándose a la zona de peligro, nunca está de más recordar estas colecciones más modestas en muchas ocasiones más interesantes que los títulos que coronan la tabla de ventas, pero que por desgracia no son pocas las ocasiones en las que se ven condenadas a resistir al borde de la cancelación.

martes, 10 de febrero de 2015

El Christopher Reeves que no pudo ser



Al pensar en Superman, es probable que la imagen que se venga a la cabeza no sea de los cómics de Curt Swan, John Byrne o -Dios no lo quiera- Dan Jurgens, sino a Richard Donner con música de John Williams y el rostro de Christopher Reeves. Y aunque el malogrado actor de 'Superman' no fue el único capaz de emular a su personaje en la pantalla, son muy pocas las ocasiones en las que el interprete llega a eclipsar a la contrapartida de viñetas. 

Pero así fue en el caso de Reeves, como si al vestir el traje se convirtiera en la viva imagen del superhombre empequeñecido por la tragedia cotidiana, las raíces rurales del inmigrante alienígena adoptado, el desafío al padre y todo ese etc parte intrínseca de la esencia del personaje, pero que nunca había brillado como en la película de Donner. 


En el caso del 'Amazing Spider-Man' de Marc Webb, Andrew Garfield me resultó antipático como Spider-Man y Peter Parker en la primera entrega. Pero cuando estrenaron la secuela únicamente me hizo falta verlo descender desde las alturas, balanceándose energéticamente entre los rascacielos para asistir al ciudadano de a pie, para que me ganase por completo. 

Más allá del brío con el que se movía, aquel Spider-Man que se detenía en medio de una persecución para ayudar al viandante con sus cosas y preguntarle que tal el día, era más amistoso vecino de lo que hayamos visto en los cómics en la mayoría de las ocasiones. El heroísmo de la solidaridad conciudadana en toda su expresión, como una presencia hiperactiva que lo mismo te echa una mano y da una palmada en la espalda cuando se te complica al día, que inspira a un crío frente al bullying o se pone al frente de la multitud para negociar con el malo y evitar que la situación se vuelva violenta.


Un Spider-Man dialogante y entregado más allá de lo sano o humano, y que es incapaz de dejar atrás el traje por complicadas que se pongan las cosas para él. Porque sí. Porque el heroismo está tan arraigado en su persona, que no sabe actuar de otra forma que soltando un suspiro de resignación, colocárse la máscara y proclamar “Aquí vamos otra vez”. El ciudadano universal como alma de Nueva York que tan bien supieron plasmar Webb y Garfield, y que ahora perdemos con un nuevo acuerdo entre Marvel y Sony consecuencia de los fallos acumulados.

En medio de todo el jolgorio por el regreso a casa del Hombre Araña, es imposible quitarse la amargura de haber perdido a un Spider-Man que -independientemente de que la película no estuviera a su altura-, había brillado como pocas veces lo había hecho en cualquier tipo de medio. Por este Spider-Man y el Christopher Reeves que no pudo ser, bien vale guardar un ficticio luto, con la esperanza de que quienes cojan el testigo sepan mantener los aciertos y no caer en sus mismos errores. 


lunes, 9 de febrero de 2015

La inquebrantable pasión por el cine de Paramount Channel


Paramount Channel me fascina. No solo porque sea el único canal integramente dedicado al cine de nuestro TDT tras la defunción de la llorada Sexta 3. Sino porque independientemente de cual sea su programación de cada día, a veces con películas mejores y otras peores, hay una serie de constantes que se repiten como principios universales inalterables. Constantes que responden a los nombres de Bruce Lee, Charles Bronson, Chuck Norris, Michael Dudikoff y otros similares. Da igual lo mal que este todo en estos tiempos inciertos en los que no podemos dar nada por sentado o los desengaños que te lleves al cabo del día. Siempre puedes confiar en Paramont para pulsar el mando, y encontrarte a Steve James sin camiseta partiéndole la cara a un ninja o dos. Desconozco si la cadena emite con tanta insistencia estas películas porque es un canal modesto y le salen baratas, si han encontrado un nicho entre los fans más irreductibles del cine de los ochenta, si es algo irónico o reivindicativo, o si se encarga de programarla el mayor nostálgico del videoclub que haya visto este plano mortal desde tiempos de Tarantino. Pero la mera idea de imaginar a un grupo de cineastas trajeados discutiendo -a lo mesa de Garci entre habanos y copas de coñac- si esta noche toca 'Delta Force' o 'Yo soy la Justicia', me hace recuperar la fe en la humanidad y la existencia de misterios que todavía merecen la pena ser desentrañados. Parafraseando a Elijah Snow, vivimos en un mundo extraño. Mantengámoslo así.