A
mediados de la década pasada, Marvel se volcó en la caza y
captura de lectores potenciales rezagados. Todo aquel que pudiera
verse motivado a sentir interés por el universo de la editorial se
convertía en objetivo ante los ojos de la voraz maquinaria de
marketing de la casa de las ideas, que oteaba territorios como el
manga, la novela gráfica o el cine buscaba hacerse con todos. Dentro
de esta agresiva expansión de ámbito de acción durante los días
de Joe Quesada, tampoco faltó una fuerte apuesta en proyectos para
lectores de todas las edades. Sellos como Marvel Adventures o Marvel
Age veían la luz junto Power Pack o los Pets Avengers y el el
Franklin Richards, Son of a Genius de Chris Elliopoulos para atrapar
en sus redes a los más pequeños de la casa.
