NOTA: El siguiente texto incluye SPOILERS de 'Angela: Reina de Hel', si por alguna razón prefieres no saber nada de la serie hasta leer el primer número de la colección de Margeritte Bennet, Stephanie Hans y Kim Jacinto, déjalo este artículo para cuando ya hayas disfrutado el cómic.
Hubo
un tiempo en la que los dioses se elevaron como encarnaciones de las
grandes pasiones e inquietudes humanas. Una época de tinieblas en la
que nos acompañaban como haz de luz en el camino, permitiéndonos
entender el mundo al que nuestra consciencia nos había arrojado.
Dioses bajados del cielo con el relámpago en sus manos,
dioses del amor, de la metalurgia, del comercio... Dioses del mar y
de la tierra, junto a otros dando forma al placer o el pensamiento
ilustrado. Pero como representación de nuestra naturaleza que eran,
no solo encarnaban lo mejor de nosotros, sino también todo lo peor.
Así que mientras comenzamos a prosperar y las divisiones entre
clases se hicieron más y más marcadas, los dioses comenzaron a
recluirse en su Olimpo de las alturas, desligándose de nosotros para
entregarse a los placeres del hedonismo endogámico primero, y la
severidad de la superioridad moral después.

