Hace
más de sesenta años, el final de la era de los superhéroes forzó
Timely Comics a buscar nuevas formas de subsistencia dentro de las
revistas de viñetas impresas. Sin el apoyo de capas, antifaces e
identidades coloridas con capucha, la editorial cambiaría su nombre
a Atlas Comics, buscando una nueva heroína que poco tenía
que ver con los Namor, Antorcha Humana o Capitán América que tanto
triunfaron durante la II Guerra Mundial.
Eran
los 50, y la nueva imagen de la compañía que evolucionaría hasta
Marvel Comics ya no tenía brazos capaces de derribar a Hitler de un
puñetazo o cargar a cuestas escudos irrompibles. De aspecto coqueto,
piernas lozanas y cargada de frívola energía juvenil, Patsy
Walker era la prima donna de una nueva era capitalizada
por adolescentes atraídas por citas, aventuras veraniegas y ligues.
Precursoras de todos los Peter Parkers que vendrían, sobre
las que se erigirían los cimientos del universo Marvel que estaba a
punto de nacer.
