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martes, 31 de marzo de 2015

Conan reencarnado


Desde Zona Negativa a Facebook, desde mi propia nota para Cultture hasta sus contactos más cercanos, no hay web de tendencias lúdicas hoy que no esté empleando sus teclas para hablar de 'Mad Max: Furia en la Carretera'. ¿La causa? Un nuevo trailer a mes y medio del estreno, que -a pesar de ser el tercero- ha provocado que todos nos volvamos locos y nuestras arterias bombeen sangre con la presión de un bólido trucado. Algo tiene este héroe de naturaleza howardiana que sustituye la espada y brujería por autos de choque y el apocalipsis post-fosilista. Un nómada de las interminables planicies australianas, cuyo pasado se pierde entre un desierto que lo envuelve todo, y que en cada una de sus películas ha ejercido de espectador y a la vez detonante de cambio en historias ajenas.

Sin apenas conexión entre ellas más allá de un paisaje desolador y un protagonista eternamente imperturbable, es prácticamente indiferente el orden con el que veas cualquiera de las películas de Mad Max. Porque como James Bond, El Hombre sin Nombre o Hércules, Rockatansky ni siquiera es una persona real, sino una suerte de Conan contemporáno curtido entre gasolina y motor. Una leyenda viva que solo sabe luchar, arrastrarse por la pasión y sobrevivir, para luego continuar su camino mirando el mundo con la melancolía del que se sabe atrapado en una dinamo eterna en la que todo cambia para seguir igual.


No faltando ni la crucifixión, su martirio, los despóticos señores de la guerra y las doncellas en apuros, el hallazgo de George Miller fue crear una figura heroica pura. Una tan poderosa e irresistible que no solo resiste imperturbable al paso del tiempo, sino que no necesita de trajes chillones ni pláticas rimbombántes para devolvernos a la fascinación de la fogata en mitad de la noche, y hacernos sentir como el mito cobra vida a velocidad con la que la adrenalina acelera el pulso de nuestros latidos.