Uno
de los mayores aciertos de Marvel ha sido siempre su
capacidad para ver debajo de las máscaras, centrando sus historias
en lo más vulnerable, universal y fácilmente reconocible de la
condición humana. Stan Lee nunca llegó a ser un literato
versado como Alan Moore, pero había vivido lo suficiente como para
entender que más allá de la fachada, hasta el más duro de nosotros
seguía guardando dentro a ese cachorro ensangrentado, lloroso y
necesitado de atención que se abrió paso al mundo rasgando el velo
desde el útero materno.
