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sábado, 4 de julio de 2015

Los últimos días de The Punisher de Nathan Edmonson


Entre la inmensa lista de tareas pendientes guardadas para ese añorado día en el que disfrute de todo el tiempo que me gustaría, realizar un análisis comparativo de las últimas colecciones y etapas de The Punisher ostenta un lugar privilegiado. Y es que aunque el personaje se me atragantó durante un buen puñado de años, desde que descubrí a Garth Ennis y su 'Nacimiento' he sentido una fuerte fascinación por la incómoda creación de Gerry Conway, quien -más allá de su rol inicial como exaltación del justiciero armado de los setenta- continúa siendo una figura incontestable como representación de los abismos más oscuros del alma humana.

Sin embargo, lo más llamativo de Frank Castle y su alterego de la calavera, es que para ser un personaje tan anclado en el realismo más deprimente, desde el inicio de la era de Joe Quesada ha tenido tantas aproximaciones radicalmente distintas que esta a medio paso de igualar a Batman. Poco o nada tiene que ver el Punisher de las pistolas angelicales de Thomas E. Siniegoski y Christopher Golden con el exceso satírico de Ennis junto a Steve Dillon en Marvel Knights, ni este con el visceral retrato de las secuelas de la guerra que firmara el mismo autor bajo el sello Max, la versión pijamera de Franction, la macabra aproximación de Rick Remender, la suciedad de Jason Aaron o la elegancia unos Rucka y Checchetto al borde de Sergio Leone.

De entre todas estas etapas, con ninguna he tenido tantos problemas para pronunciarme como con la actual 'The Punisher' de Nathan Edmonson y Mitch Gerads, por cuyo último número publicado en Estados Unidos -la entrega #19- me solicitaron opinión, y ha tocado hincarle el diente tras un tiempo apartado de la serie.

domingo, 22 de febrero de 2015

Oscar vs Oscar: Demócratas contra republicanos


Lanzar este post sin que de la impresión de que me he inspirado en lo escrito por el compañero Conrado Martín y su 'Birdhood' para Making Of E-Zine va a ser difícil. Pero el caso, es que entre las nominadas a los Oscars de año se pueden establecer paralelismos que muchas veces van más allá del aspecto meramente cinematográfico. El cine como plataforma ideológica para las masas, y que este año tiene su máximo exponente en el cara a cara entre 'Boyhood' y 'El Francotirador'. 

Ambas ambientadas en Texas, y ambas ofreciendo un reflejo muy diferente de la América de la última década, el mero hecho de que en más de una ocasión se haya hecho referencia a 'Boyhood' de Richard Linklater como la película favorita de Barack Obama da un indicio de por donde van los tiros. Reivindicación de la vida despreocupada, de la familia disfuncional, las pequeñas cosas cotidianas y la búsqueda personal, cualquier tipo de sutileza salta por la ventana desde el primer encuentro familiar en el que Ethan Hawke le da una valiosa lección a sus hijos: Hagáis lo que hagáis, nunca votéis por George Bush. 

La viva imagen del padre guay, enrollado, cariñoso con sus hijos y con gustos musicales molones, y se nos presenta haciendo campaña activa a favor de Obama dentro del que tradicionalmente ha sido el corazón del partido Republicano de Bush y compañía. ¿Cómo no va a ser la película favorita del actual presidente de los Estados Unidos? Se estrena en las puertas de las elecciones y votamos a Obama hasta en España.


Pero como todo ying tiene su yang, enfrente encontramos 'El Francotirador' de Clint Eastwood. Una nominada a mejor película en los Oscars que se celebran esta noche que parece resultarle incómoda incluso a su propio director, y en la que al lado crítico termina temblándole las rodillas frente a la vanagloria del hombre al servicio del estado con banderas ondeantes y alto sabor patriótico. No es que vayamos a culpar a Eastwood a estas alturas, porque supongo que será difícil no mostrar compasión por esos muchachos que sacrifican su humanidad para defender el modo de vida de su país. Sobretodo teniendo encima a la esposa del tipo en que se basa tu película diciéndote lo qué sería bueno o no que vieran sushijos en el cine. 

El resultado es un biopic de un letal brazo del sistema que poco tiene que envidiarle al Fredrik Zoller de 'Malditos Bastardos' que peca de cómodo y amable, y que probablemente se habrá convertido en la referencia de los americanos más conservadores, con su exaltación de la familia convencional, esa esposa que aguarda castamente el regreso de su marido, los valores del todo por la patria y un final de los que te hacen arquear la ceja si te pilla fuera o todo aquello te suena extraño. Sobre todo teniendo en cuenta que a pesar de que su evidente retrato de la deshumanización del hombre a manos de la maquinaria bélica y que para alguien con dos dedos de frente debería estar claro que está al borde de la reivindicación heroica de un perfecto psicópata, cualquier tipo de crítica contra la cinta de Eastwood ha sido recibida entre la ira y el desprecio.


Ambas se verán las caras esta noche en un duelo en el que 'Boyhood' tiene todas las papeletas de resultar ganadora en varias de las categorías a las que opta, mientras 'El Francotirador' seguramente quede como un apéndice a pie de página para que la América de las botas de cowboy, los rodeos y el alístate en la marina sepa que la Academia no se olvida de ellos. O porque no, como campaña de reclutamiento anual para recordar a todos esos muchachos que su país les necesita, en medio de una fiesta del cine en el que la política, nunca queda en segundo plano.

sábado, 21 de febrero de 2015

Clint Eastwood y los cómics



Que entre las grandes estrellas de Hollywood, actores o directores, hay un buen puñado de aficionados al cómic no es algo que sorprenda a nadie. Hay casos en los que ellos mismos se exponen como geeks de forma abierta, mientras que en otras lo hacen de forma más reservada, evidenciándose mediante pistas aquí y allá. 

En el caso de las películas de Clint Eastwood, no es extraño encontrar alguna que otra conexión con el mundo del cómic, ya sea Morgan Freeman leyendo el primer número de la 'Mística' de Brian K. Vaughan en 'Million Dollar Baby', o su trabajo junto con alguien tan vinculado al medio como Joseph Michael Straczynski en 'El Intercambio'. Mucho más presente en su último trabajo estrenado en Espapaña -'El Francotirador'-, Punisher se convierte en una suerte de presencia etérea a lo largo de la película bélica centrada en la vida del sniper americano Chris Kyle, por unos motivos que distan de ser casuales. 


Creado por Gerry Conway, John Romita Sr. y Ross Andru a mediados de los setenta, el letal justiciero de la calavera ha tenido numerosas etapas para el recuerdo, pero ninguna tanto como la firmada por Garth Ennis en el sello MAX. En ella, el guionista norirlandés usaba al personaje dedicado a exterminar criminales tras la muerte de su familia para demoler pieza a pieza toda idealización en torno a la guerra y el ciclo de la violencia. 

Es el primer número de dicha etapa el que vemos leer a uno de los compañeros de Kyle -tirándose la gafapastada de que es una novela gráfica, y no un cómic-, y el reconocible logo del personaje el que lucen varios vehículos de la unidad en la que operan ambos. Pero es que realmente el propio Francotirador de Clint Eastwood era fan del personaje de Marvel Comics, y su unidad se hacían llamar “The Punishers” en la vida real. 


Así lo expresaba un pasaje de la autobiografía de Chris Kyle, en la que narraba como les fascinaba la idea de un vigilante que corregía a los malos llevándoles el miedo en forma de muerte. El francotirador comparaba la cruzada de Castle con la suya propia, razón por la cual decidieron adoptar el símbolo pintándolo en sus chalecos, vehículos y en todo edificio o pared que tuvieran a mano. Una suerte de marca psicológica con la que amedrentar a los enemigos y avisarles de que estaban ahí para ir a por ellos. 

“¿Nos ves? Somos la gente que está pateando vuestro trasero. Témenos. Porque hemos venido a mataros, y si vosotros sois malos, nosotros somos peores”

Paradójicamente, ese Frank Castle del que Kyle y sus muchachos tanto se enorgullecían de seguir sus pasos era reflejado por Ennis en dicha etapa como poco menos que un psicópata irredimible. Un monstruo surgido de los abismos para el que no existía sentimiento humano alguno más allá de la satisfacción de la muerte, y en el que tan poco rastro del heroísmo que este soldado con tantas bajas a su nombre parecía proclamar. 

Fuente: Vulture